ARTE AFGANISTÁN

Artista afgana conectará con experiencia en exilio de Benjamin en performance

EFE Barcelona 19 ago 2015

La artista afgana Kubra Khademi, exiliada desde febrero en Europa, quiere conectar con la experiencia de expatriación que sufrió el filósofo Walter Benjamin, fallecido en un hotel de Portbou (Girona) en 1940, en una performance que está empezando a preparar en Barcelona.

Khademi se halla acogida en Jiwar Creació i Societat, residencia de artistas e investigadores barcelonesa, preparando ese trabajo y el que presentará en el encuentro de poesía de acción y performance La Muga Caula, en la pequeña localidad ampurdanesa de Les Escaules.

Exiliada en París al haber tenido que huir de Afganistán a causa de un anterior trabajo titulado “Armour” (armadura), Khademi desea seguir la ruta de Benjamin en la ciudad fronteriza pirenaica en su huida hacia el destierro en una performance que aún no tiene título, pero que “quiere conectar con el final de la vida” del estrecho colaborador de la Escuela de Fráncfort, según ha dicho a Efe.

“Mi vida y la de Benjamin son muy diferentes. Yo he salido viva de mi exilio y él no. Voy a mostrar lo que tenemos en común andando en la montaña de espaldas. Se trata de la vida y la muerte”, ha adelantado la artista sobre un trabajo al que pondrá “un título metafórico”.

De 27 años de edad, Khademi lleva sólo dos meses en Cataluña tras su huida de Afganistán y posterior asentamiento en París y no ha cesado de trabajar en creaciones que presentará en Les Escaules y Portbou (Girona), en septiembre y octubre, y más tarde en Londres, Alemania e Irlanda.

Insiste en aclarar que su arte son sus performances y dice creer que ese arte “representa mi experiencia en la vida, experiencia de vivir indirectamente en circunstancias de guerra. Yo no tengo definición de qué es ser libre individualmente, necesito sentir que soy de algún sitio en donde tengo mis derechos fundamentales. Y en mi arte explico esa lucha”.

Huyó a París tras haber protagonizado “Armour” (armadura), una performance de 8 minutos que representó en medio de la calle, en un punto neurálgico destacado de mercado y transportes de Kabul, cubierta con una armadura de grandes pechos y trasero con la que quiso llamar la atención sobre el acoso sexual callejero que sufren las mujeres de su país y que ella había experimentado años atrás.

El shock entre el centenar de hombres y mujeres que la vieron lo consiguió en febrero pasado, y cuyas reproducciones se convirtieron en virales en Internet, pero también al tener que huir a causa de las amenazas de muerte constantes, que la llevaron a exiliarse.

“Al menos les produje un shock sobre algo que es comúnmente aceptado (acoso sexual en la calle), que está arraigado en mi sociedad, pero que es inaceptable”, ha dicho.

“Después de mis performances, ha continuado la artista, me siento totalmente libre, es como un trueno tras el que viene la calma. Después tengo libertad en mi alma. Tengo una conexión metafísica en mi trabajo”.

Dos años antes mostró en la Kapila Art Gallery de Kabul, ante medio centenar de personas, “Slapping” (bofetadas), un trabajo sobre la violencia contra las mujeres, que califica de “humillante para toda la humanidad”, en el que estuvo durante uno 40 minutos dándose bofetadas.

“La gente empezó a llorar y muchas personas, emocionadas, me esperaron fuera de la galería para hablar de ello”, ha relatado.

Insiste en que su arte “está en todas sus acciones performáticas” y recuerda que con “Slapping” se le cayó la piel de ambos lados de la cara, “pero no me dolió, mi cuerpo se volvió más fuerte”.

En otra performance titulada “Road” anduvo por una carretera llena de coches con todas las pertenencias que guarda en una maleta desparramadas por el asfalto; en otra se metió dentro de esa maleta colocada en el centro de una galería y en una más reciente, “From sunrise to sunset in Paris”, anduvo durante 15 horas el pasado mes de mayo por el centro de la capital francesa con la ropa que guardaba en esa maleta en la cabeza.

Y es que Khademi, como dice el dicho persa “Khana ba dosh”, lleva su casa “encima de ella misma” y con ella, el exilio de su país.

Por Núria Cornet

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